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Antonia "La Manchega"

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Antonia

Antonia "la Manchega"

                                                               Lo que voy a contarles, aunque para muchos haya trascendido en la historia como un cuento o una leyenda, es un relato verídico y real. Doy fe de ello por tratarse de unos sucesos que le ocurrieron a mi bisabuela Antonia, "la Manchega" como mote formal del que en aquella época no se salvaba nadie.

Todo sucedió en un pequeño pueblo donde yo nací, Lopera, en la provincia de Jaén, y el relato se remite a los tiempos de la Guerra Civil.

Mi bisabuelo pertenecía a la UGT (Unión General Trabajadores) bajo control popular y representado por la sociedad de agricultores "La razón del Olivo" hasta que en Diciembre de 1936 el pueblo fue tomado por los Nacionales. Participó en la internacional Batalla de Lopera, junto a él lucharon dos poetas de prestigio, ingleses, que murieron  en  aquella batalla, Ralph Fox y Rupert John Conford.

Ya no se supo nada de él hasta Agosto de 1937 cuando los republicanos intentaron reconquistar el pueblo. Los nacionales obraron con contundencia y pocos quedaron de aquel intento. Los que no murieron en la batalla doblegaron sus cuerpos delante de la tapia del cementerio, donde eran conducidos bajo un humor sarcástico para ser fusilados. Allí quedó su cuerpo. No valieron los intentos de mi bisabuela por evitar la tragedia suplicando su perdón a todas las figuras representativas del pueblo, alcalde, medico, profesor y sacerdote.

El sacerdote por aquel tiempo era Don José, enemigo numero uno de mi bisabuela. Le tenia una gran antipatía. Todo venia de bastante tiempo atrás, motivado por la afición de mi bisabuela en ayudar a los vecinos en momentos de apuros. Siempre que fallecía alguien, incluso antes de ello, antes de llamar al cura recurrían a ella. Se sentaba delante del moribundo o difunto y comenzaba sus rezos y oraciones. Siempre tenia una frase bonita de consuelo para los familiares. Después de muertos persistía en su atención, manteniendo las velas de sus lapidas encendidas, siempre comentaba que la luz de estas eran  un signo que disipaba las tinieblas. No era nada raro encontrarla en el cementerio. También le solicitaban versos de amor que elevasen la ilusión de alguna nueva novia, e incluso oraciones como  petición a San Antonio para que alguna mocita encontrase novio. Toda su desinteresada e ilusionada dedicación le llevó a ser muy bien vista por todo el pueblo e incluso la comarca, pero Don José se retorcía de celos, en vez de ver un apoyo de agradecer veía una usurpación de su puesto, y eso le iba corroyendo por dentro, hasta tal punto que se cree que fue uno de los hostigadores  de que días más tarde de la muerte de mi bisabuelo, la guardia  llamase a la puerta de mi bisabuela.

-¡Abran a la autoridad! -gritaron golpeando la puerta.

-¿A que vienen tantas voces por Dios? -preguntó a la vez que abría.

-¡Antonia Castilla quedas detenida por conspiración y traición al régimen!

Se la llevaron al calabozo, entre empujones y golpes. Lo primero que le hicieron fue cortarle el pelo,  comenzaron a estirones y terminaron recortándolo a cuchillo. Luego la encerraron en una celda minúscula donde encogida más que una persona parecía un animal. Cada dos o 3 horas irrumpían en el calabozo la apaleaban sin mediar palabra y volvían a dejarla arrinconada, entremezclada entre suciedad y sangre. Ella oía sus risas y como se jactaban de sus heroicidades.

Llevaba dos días encerrada cuando se acercó a visitarla el medico, Don Javier, veterano en el pueblo por  llevar ya en el más de 40 años atendiendo la consulta. Al verla se quedo traspuesto, estaba ensangrentada de tal forma que no podía confirmar si se trataba de ella o no. Las lagrimas acudieron a sus ojos mientras intentaba limpiar aquel rostro. Ella no se movía, sencillamente le observaba con aquella mirada fija y sus ojos entrecerrados. Ni un solo grito escapó a tal cura. ¡Que dura fue!.

 Don Javier al salir se fue derecho ante Don Emilio el alcalde en aquella época y le contó la monstruosidad que acababa de contemplar y rogó que acabase con la situación de una vez.

Don Emilio habló con Don José y le comunicó su intención de ajusticiar rápidamente a "la Manchega", antes de que el pueblo comenzase a hablar.

Mi bisabuela reclamó la atención del sacerdote, pero este no tuvo valor de ir a verla.

Al día siguiente llegaron cuatro de la falange, que entre risas la sacaron de la celda a empujones y emprendieron camino del cementerio, al llegar al camposanto uno de ellos riendo comentó:

-¿Y por este saco de  huesos vamos a gastar unas balas? ¡Colguémosla!

-¡Colguémosla! ¡Colguémosla! - corearon los demás.

-¡A la higuera de la plaza mayor con ella!

Y fue así como se dirigieron a la plaza del ayuntamiento. Una vez en la plaza, ante la mirada de horror de los vecinos, pasaron una soga de cáñamo por una de las gruesas ramas de la higuera. Anudaron a su cuello la cuerda y entre risas comenzaron a elevar su cuerpo. Uno de ellos dijo:

-¡Esperar! No ha hecho ninguna ultima petición, tal vez nos tache de inhumanos.

-Jajajajajajaja  - rieron a la vez que dejaban de golpe de elevarla.

Poco a poco se fue concentrando más gente alrededor, que atónitos observaban lo que sucedía.

-¿Deseas algo antes de morir? - le preguntaron.

-Si, quiero hablar con Don José. - contestó

Fueron a buscar al cura, y costándole horrores ante "la Manchega" se presentó. Estaba todo el pueblo. Se puso frente a ella y al preguntarle que deseaba, mi bisabuela lo miró. No habló, sencillamente cuentan que se quedó fijamente mirando a sus ojos y después de unos minutos comenzó a recitar una oración. Acabó y el cura entendiendo, vio que era su turno. Comenzó su rezo. Y acabó. Y comenzó ella otra nueva... bellísima. Y acabó. Y Don José cogió el turno de nuevo, seguro de si mismo, entendiendo el desafío. Y acabó. Y la gente se agolpaba. Y ella de nuevo empezó. Sonreía. Y acabó. Y fue pasando el tiempo y después de una hora vinieron dos. Llevaban ya 4 horas, atardecía y ella seguía su oración. Y acabó. Y Don José cada vez más nervioso buscaba en su interior. Y siguió. Pasaron otras 2 horas y Antonia con sonrisa proseguía con devoción. Anochecía y acabó. Y el cura paró de pronto, ya no le quedaba más que decir. Sonrió de repente y de su bolsillo la Biblia sacó. Y algún otro leyó. Pero la manchega más que acabar empezaba y dos horas más duró. Don José miró al cielo, pero de nada sirvió y ante todos los vecinos pidió perdón.

Se dirigió ante ella y quitándole la soga del cuello, dijo:

-No eres mujer para matar sino para aprender de ti, espero que algún día puedas

perdonar mi envidia.

Después de hacer el ridículo Don José de aquella manera, pidió al Obispo su traslado. Y así fue como mi bisabuela, Antonia "la Manchega", salvó su vida de la horca.

                                                               Manuel Gutiérrez Izquierdo

                                               Finalista 2ºConcurso Literario de Cuentos Breves

                                                Festa Major de Gràcia 2005 (Barcelona)

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Comentarios Antonia "La Manchega"

hola primo acabo de recibir tu correo a al abrirlo una ola de alegria me ha llenado, !mi primo ha escrito un libro ! coño esto no ocurre todos los dias, estoy encantado que alguien de la familia pueda dejar su huella en esta vida que nos ha tocado vivir, por eso te deseo muchisima suerte en esta aventura y que este solo sea el principio de un largo curriclum literario.
besos para toda tu familia
que sepas que buscare el libro y lo comprare , que menos puedo hacer ?

 un abrazo para ti
                                                          tu primo Manuel
manuel palomo gutier manuel palomo gutier 19/07/2008 a las 23:45

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